viernes 12 de agosto de 2011

Dos estaciones


Una tarde fresca de verano, sin sal ni azúcar,
domaré los vientos solares
y gritaré a los cuatro mares
que el verano y la primavera son las dos caras de la moneda
que me simpatizan
me hipnotizan
me hieren
me sofocan
me alegran
cualquier otra simple tarde.

jueves 9 de junio de 2011

Pétalos

Sobre una sábana blanca
he dejado una rosa roja.
La veo enamorada
la veo, la cojo, la despedazo.
Ha empezado a sangrar en forma de pétalos moribundos
que claman los deje en paz.
Ya disipados sobre la sábana
ahora buscan unirse en nombre de la rosa que fueron.

lunes 4 de abril de 2011

Esa rata de ahí


La rata me miraba, ensimismada, en aquel agujero acuático. Buscaba salir, un fondo al final del túnel, una puerta abierta para salir de su alcantarillado mundo... y se la cerré. No puede culparme de hacerlo. Me asustó, tanto como a ella la asusté yo. Y pensar que soy rata también, según mi horóscopo chino. Igual, me da escalofríos ver un roedor peludo y de ojos penetrantes, de mirada asesinamente intimidante. ¿Y a quién no? No puede culparme. A quién, en su sano juicio, le gusta levantar la tapa del váter y descubrir dos luceros negros vivamente brillantes y atentos.

miércoles 2 de marzo de 2011

Respiros


Y si respiro esos aires soberbios
no quieras saber luego por qué el mundo sucumbe al monóxido ambiental
a las nubes que callan
que lloran
ácido sulfúrico
sobre los mantos polares del sur.

Y si respiro esas nieblas sobre esas fuentes
acaso esas manos se tuerzan
entrelazándose tiernamente.

Y ya no habrá canto
no quieras saber luego por qué el mundo está como está.


Luisa Tejada

miércoles 26 de enero de 2011

Espejismos



Un espejo que rompe sus cristales al caerse en el vacío, sigue siendo espejo, aunque sus cristales sean rotos, estén rotos, sean hechos añicos, hayan sido hechos añicos. Esos cristales me seguirán mirando, aunque me vea en pedazos, aunque sean trozos de mí en instantes, sí; en momentos, no.


El espejo sigue siendo espejo y yo sigo siendo yo.
Luisa Tejada

viernes 26 de noviembre de 2010

Otoño




Y ahí están esas otras hojas, secas, entreabiertas
superpuestas y vagabundas
cerniéndose sobre vientos suaves, sobre vientos nuevos.

Entremezclándose, crujiendo acaso por el frío otoñal que las envuelve,
que las marchita,
que las enmarrona, las vuelve trizas, las deshace.

Pero ya volverá un manto blanco gélido que las plante sobre el cemento gris de las tierras que renacen.


Luisa Tejada