![]()
Buscaba ese día una residencia, un lugar de alojamiento. Pero no sabía que por estos lares, residencia también se le llama al lugar a donde hijos e hijas envían a sus padres cuando ya no pueden (o no quieren) ocuparse de ellos. Vale decir, en peruano, un asilo.
Los del pueblo me enviaron algunas cuestas más arriba cuando les pregunté por la residencia.
-Más arriba es, suba más arriba.
-Vale. Gracias. -Le dije a un don que por allí, sentado en una banca ancha y de madera, tomaba algo de sol y viento.
La mochila pesaba, el sol me ardía en la frente, la cuesta parecía interminablemente interminable cuando de repente divisé un gran edificio. Pensé, es el hotel, la residencia que reservé. Pero me llamó la atención ver muchos ancianitos y ancianitas afuera.
Me acerqué a la recepción a preguntar por la reserva. No, no es aquí, se ha equivocado. ¿Qué, no es esta la residencia? Sí, la residencia de ancianos.
Pedí hacer una llamada y efectivamente, estaba en el lugar equivocado. Felizmente. Cogí la mochila, y cuando me preparaba a retomar la ruta que debí tomar, me detuve a conversar. Extrañados, me miraban y se me acercaron rodeándome con mil preguntas. ¿De dónde eres, vienes a quedarte, vas al balneario, cómo te llamas, eres de por aquí, y tu familia qué apellido eres, y dónde queda Perú...?
A don Eufracio lo habían dejado allí sus dos hijos, luego de que su esposa, la madre de estos, muriera. Lo llevaron allí para que no estuviera solo. Y solo iban a verlo cuando era el día del padre, o en su cumpleaños si se acordaban.
Tantos años y tantos recuerdos los de Eufracio me hicieron pensar en que mi cuarto de siglo era poco y nada comparado con la sabiduría de sus canas y el dolor de un alma que sola y aislada aún se aferra a la vida con la misma inocencia de un suspiro matinal.
LE HACEN ATENTADO CON BOCADILLO
Hace 1 día











11 comentarios:
Me gusta mas,acabar como los protagonistas del Amor en los tiempos del cólera,de Garcia Marquez..(leer la novela,si se quiere saber el final,que no tiene gracia si no se lee el principio,vale?
Me emociona que alguien como tú, tan joven,sienta el pesar de alguien como yo,tan vieja...gracias,necesitamos a gente como tú.un beso.
De qué depende cómo vivamos nuestra vejez?
No lo sé...pero mis abuelos se fueron y no me quedé con ninguna promesa en la boca. Creo haberlos querido tanto en vida que me es imposible recordarlos con pena.
Gracias por la invitación a la reflexión Maya.
Me gustó cómo acabaste;la sabiduría de sus canas y el dolor de un alma que sola y aislada aún se aferra a la vida con la misma inocencia de un suspiro matinal...
Ya ves, es lo que tienen los países...un saludo. Estefanía
Es bueno y de justicia reconocer la sabiduría del anciano. Y digo anciano y no "tercera edad" porque no creo en los eufemismos. El anciano en muchas culturas siempre ha sido benerado, escuchado y atendido. Lástima que nuestra sociedad viva tan deprisa que no tenga tiempo de reposar sobre la voz del anciano.
Todos necesitamos de todos, querida África. Alguien dijo que era una pena que cuando uno empieza a descubrir el porqué de la vida, lamentablemente ya nos toca morir... No en vano nuestros cabellos se vuelven blancos.
Un fuerte abrazo,querida Africa, gracias por visitarme y por tu lindo comentario :)
A mí me es imposible recordarlos, porque no los conocí, pero de haberlos podido conocer me hubiera gustado mucho escuchar sus historias y recuerdos. Un fuerte abrazo, Rous, gracias a ti por tu visita:)
Otro saludote para ti, Estefanía. Un abrazo!!!
Imprescindible voz, Jesús, porque como bien has dicho vivimos tan deprisa hoy en día que ya que no se estudia bien la historia de los pueblos por lo menos a través de ellos nos conoceríamos mejor... Desde luego, la sabiduría del anciano merece seguir siendo venerada.
Un abrazot, poeta!!
Emocionante reflexión, Maya. Y coincido plenamente con Jesús en destacar la belleza del último párrafo, del que me quedo especialmente -si cabe y sin despreciar ni una sola de sus palabras- con sus últimas letras: "se aferra a la vida con la misma inocencia de un suspiro matinal".
¡Un abrazo muy fuerte!
... en tu post anterior me hiciste recordar lo niño que aún soy. Ahora, luego de leer este último, me siento más viejo todavía. Mañana saldrá el sol y seguramente mis amigos me estarán dando los santos oleos, pero ni siquiera peino canas ...
Es una pena que hombres como don Eufracio con tanto por brindar todavía de sí no tengan con quien compartir sus recuerdos... ojalá pudiéramos detenernos a escucharlos siquiera.
Muy bonito relato Maya. Besos.
Hola Maya,el tema de esta entrada a mi en lo particular me apasiona mucho, pero mi visita es para agradecerte tus visitas, cuando inicie esta aventura de un blog, me dije a mi misma que quizá no sería capaz de mantenerlo vivo, debido a mis ocupaciones, pero ahora se que no depende tan solo de eso, sino que la vida de mi blog depende de las personas como tú, que me acompañan...que construyen y comentan....un abrazo de todo corazón y gracias...por ser un motivo para seguir con esto.
hola Maya... ahora q ya puedo pasar por aki.. te cuento q como decis.. al final... "el cuarto de siglo es poco"... así es muy poco... y aki es donde gente como tú al contar estas historias nos recuerdas la verdad escondida a nuestros ojos... diariamente.. necesitamos siempre q alguien nos lo recuerde... la verdad.. de q los años pasan y vendrán... y aki es cuando me pregunto...: como llegarán a mi.. felices.. o tristes..????
besitos enmielados pa ti
"con la misma inocencia que un suspiro matinal"
Bello
pasión, soledad, lucidez...
muy bueno!
Saludos!
Publicar un comentario en la entrada
¿Algún comentario?