
A "Any" la conocí uno de esos días en los que solo piensas terminar la noche y hacer bien tu trabajo, uno de esos días en los que aprendes que no hay trabajo que por bien no venga, como el de ser camarera y ella, el de ser auxiliar de cocina.
Ese día terminamos como a las 4 de la mañana; ella andando y yo de pura inercia, sonriendo.
Ya no recuerdo el día en que dejé aquel lugar, con aquel uniforme y la ilustre insignia que llevaba mi nombre. Algo no muy difícil de recordar para quien solo estuvo un mes en esas faenas, porque lo de camarera lo llevaba tan mal como lo hubiera sido meterme a voleybolista o a policía de tránsito.
Tampoco recuerdo si Any o Yisléin, como la llamaba (su verdadero nombre árabe era Ghizlane), me volvió a buscar o quiso saber de mí hasta aquel otro día en que ella salía de un hospital y yo hacía el recorrido que la gestoría donde trabajaba me encargaba realizar.
"No olvides echarte el bloqueador, esa crema de Visách, es muy buena para protegerte tu cara". Me dijo antes de darme un abrazo y despedirse de mí, antes de volver a su país con muchos sueños a la espalda y con toda la nostalgia de quien se sentía sola en este otro pueblo y de quien no sabe si volver a sus costumbres le será la carga más difícil de sobrellevar.
"Suerte, guapa". "Suerte, Any"... Desearte suerte, no creo tanto en la suerte, sinceramente, pero qué me queda si no deseártela porque mis mejores deseos ya te los llevas, ¿o no?
Un tierno relato, Maya, cargado de símbolos además. A veces esos encuentros fugaces dejan una huella para siempre.
ResponderSuprimiruna linda historia... y de esas vidas q te pasa por tu camino te enseñana algo...
ResponderSuprimirbesos enmielados
Me recuerda a las crónicas de la emigración..., sí por experiencia familiar, la vida del que migra es muy dura y nostálgica. Un abrazo.
ResponderSuprimirPasé a echar un ratito de lectura, y me encató.
ResponderSuprimirSaludos y buen fin de semana.
Gracias, queridA Solateras. Hay casualidades que llegan, casualmente, a formar parte de nuestras vidas. Un abrazot!!
ResponderSuprimirBesos enmielados para ti también, Barbie!
Sí, es dura y nostálgica y a veces no se sabe qué es más fuerte, si la nostalgia o la vida misma. Un abrazote, Rafa, me encantó tu blog. Te estaré visitando.
Gracias, sonrisa de Hiperión. También me placerá leer buenos poemas en tu espacio. Un abrazote!
Hay personas que nos dejan marcas imborrables... y en ocasiones la frase "te deseo lo mejor" se queda sumamente corta...
ResponderSuprimirBesos Maya! Lindo post
Qué difícil debe ser readaptarse, porque el que migre ya no es el mismo, tiene que adaptarse a otra cultura, y si vuelve a readaptarse de nuevo. Total, que todo es un ciclo que va y viene. Besitos, Maya.
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