Escondido, detrás de un poste de luz gris, se prestaba noche tras noche a esperar el momento propicio, siempre y nunca sin desviar la mirada de aquel punto azul.
Su reloj de pulsera marcaban las dos de la mañana del jueves. Y empezaba a sentir frío, ese frío dulce que no congela sino que entibia los sentidos con el suave eco del viento que susurra al compás de una damisela en tacones aguja.
Unas gotas de lluvia se dejaron sentir sobre su frente, cayendo hacia su nariz, para luego perderse en sus pómulos ya casi entumecidos por la nobleza de aquella madrugada incipiente.
Puestos los ojos y todos sus sentidos, emulaba el soplo de la brisa del alba cuando una joven mujer, de aspecto discreto, señorial y sobrio, empezaba a descender de un automóvil negro. Al timón iba un hombre de apariencia noble y de tez lozana. Bajó luego otro hombre, más robusto, serio, intrigante, malvadamente grotesco.
-Sube a la habitación y ahí me esperas. -Le habría dicho a ella.
Sin pestañear, él seguía escondido pero muy atento a cada movimiento. Sacó su cámara fotográfica del bolsillo, y acercándose sigilosamente, se dio cuenta de que era hora de empezar a trabajar.
¿Continuará?
ResponderSuprimiryyyy?????... tonces cuando la continuación...
ResponderSuprimirme engancho!!
besos enmielados
O sea, ¿el tipo es fotógrafo?, de los paparazzis??
ResponderSuprimirY qué pasa después??? uyyyyy, así no se vale:)
Bsitosss, espero la parte 2
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderSuprimirUpps!, a decir verdad no había pensado en una segunda parte :), pero, ya que lo insinúan, a ver si me la trabajo :)
ResponderSuprimirUn abrazote!! Muchísimas gracias por visitarme.