martes, 11 de mayo de 2010

A cocachos aprendo




A "cocachos" aprendo a veces que las cosas no son tan fáciles nunca cuando se quieren de veras construir y hacer con ganas.

Parafraseo aquí el poema de Nicomedes Santa Cruz, un afroperuano cantor de versos que con sus décimas de "La escuelita", entre otras, se hizo famoso. Esta, "La escuelita", es más conocida como "A cocachos aprendí". Y precisamente empieza así: "A cocachos aprendí mi labor de colegial, en el colegio fiscal del barrio donde nací...".

¿Qué peruano o peruana no la ha oído o tenido que aprender en la escuela? Tal vez se dejaba algo de lado los versos de "La vida es sueño", de Calderón, o de Lope de Vega, pero "A cocachos aprendí" y Nicomedes no pasaron de seguro sin por lo menos lograr su identificación con la realidad de alguno de los alumnos en algún colegio público del Perú.

Aprendí la décima. También fragmentos de "La vida es sueño". No podré olvidar "Tristitia", de Abraham Valdelomar, ni "Los heraldos negros", del gran Vallejo. Esos versos solo se irían de mi memoria a perderse en el abismo si sufriera de una parálisis cerebral, de amnesia, si entrara en estado de coma...

Nada de esto último espero sufrir. Pero sí sufro cuando veo que en "La escuelita", Nicomedes no solo con sus décimas, rimando entre verso final segundo y tercero, primero y cuarto, lograba la risa del público, sino que sus versos cantaban las verdades de su tiempo y las de hoy de la educación pública peruana, en la que se tiene aún muchísimo que hacer.

2 comentarios:

  1. Tiene mucha gracia el video, Luisa. Y veo que los cocachos, en tu caso, fueron eficaces.

    Un beso

    ResponderSuprimir
  2. No recuerdo si ésto lo aprendí a cochachos, pero al menos la primera estrofa para mi es inolvidable...

    ahí va el poema completo...


    LA ESCUELITA

    A cocachos aprendí
    mi labor de colegial
    en el Colegio Fiscal
    del barrio donde nací.

    Tener primaria completa
    era raro en mi niñez
    (nos sentábamos de a tres
    en una sola carpeta).
    Yo creo que la palmeta
    la inventaron para mí,
    de la vez que una rompí
    me apodaron “mano´e fierro”,
    y por ser tan mataperro
    a cocachos aprendí.

    Juguetón de nacimiento,
    por dedicarme al recreo
    sacaba Diez en Aseo
    y Once en Aprovechamiento.
    De la Conducta ni cuento
    pues, para colmo de mal
    era mi voz general
    “¡chócala pa la salida!”
    dejando a veces perdida
    mi labor de colegial.

    ¡Campeón en lingo y bolero!
    ¡Rey del trompo con huaraca!
    ¡Mago haciéndome “la vaca”
    y en bolitas, el primero...!
    En Aritmética, Cero.
    En Geografía, igual.
    Doce en examen oral,
    Trece en examen escrito.
    Si no me “soplan” repito
    en el Colegio Fiscal.

    Con esa nota mezquina
    terminé mi Quinto al tranco,
    tiré el guardapolvo blanco
    (de costalitos de harina).
    Y hoy, parado en una esquina
    lloro el tiempo que perdí:
    los otros niños de allí
    alcanzaron nombre egregio.
    Yo no aproveché el Colegio
    del barrio donde nací...

    Nicomedes Santa Cruz (1958)

    ResponderSuprimir

¿Algún comentario?