
La rata me miraba, ensimismada, en aquel agujero acuático. Buscaba salir, un fondo al final del túnel, una puerta abierta para salir de su alcantarillado mundo... y se la cerré. No puede culparme de hacerlo. Me asustó, tanto como a ella la asusté yo. Y pensar que soy rata también, según mi horóscopo chino. Igual, me da escalofríos ver un roedor peludo y de ojos penetrantes, de mirada asesinamente intimidante. ¿Y a quién no? No puede culparme. A quién, en su sano juicio, le gusta levantar la tapa del váter y descubrir dos luceros negros vivamente brillantes y atentos.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada
¿Algún comentario?